Hay días que la nostalgia se cuela por la ventana con los rayos del Sol. Días que recuerdas cosas, recuerdas sueños y sientes que algo dentro de ti está roto.
Esos pedacitos que notas dentro, bailoteando entre el corazón y la barriga, que se quedaron ahí como si de fotografías se tratasen, llevándote una y otra vez al recuerdo de cosas que ya nunca pasarán.
¡Que zorra sádica la nostalgia! Lleva tatuados en la piel todos los posibles "y si... " y mostrándolos cual trofeo.
Es inevitable sentir alguna lágrima caer, normalmente del ojo izquierdo, que es de donde nacen las lágrimas de pena...
El tiempo pasa y van quedando atrás las posibles historias, modificamos sueños, amamos a diferentes personas y en algunas ocasiones llegamos a odiar. Aunque tengo la firme convicción de que nunca se llega a odiar a alguien que compartió en algún momento los mismos sueños.
Simplemente aprendemos a cargar. Llevamos a la espalda cada historia que marca nuestra vida, y vamos olvidando poco a poco. Hasta que ella entra, como dije, por la ventana o por alguna rendija y nos da de bruces con la realidad.
A veces la vida duele y otras es más bonita. Quizá por eso guardo entre esos pedazos el recuerdo de algunas sonrisas, abrazos y algún que otro beso, para que el peso sea mas llevadero. Para que recordar no sea del todo malo.
Y cuando se hace la noche, tal como vino, la nostalgia se va dándonos una tregua temporal. Porque créanme, ella siempre vuelve, en el momento más inesperado.
jueves, 28 de enero de 2016
Nostalgia
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